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    lunes, 2 de febrero de 2015

    Buscando el éxito lamiendo culos

    Desde tiempo inmemorial el ser humano se ha encontrado con dos posibilidades para buscar el éxito. La primera, muy noble y muy leal —con la propia conciencia—, observa en la cultura del esfuerzo el pilar esencial para lograr las metas propuestas. Por contra, la segunda, menos noble pero mucho más leal —con la conciencia del jefe, en este caso— basa su existencia en aquello que de toda la vida se conoce como peloteo. Ninguno de los caminos es fácil, pues traicionar la rebeldía del hombre para besar los pies de alguien es caminar a la inversa de su propia naturaleza. ¿O es qué somos el animal más domesticado? Sea como fuere, hay que tener cuidado: un lameculos no siempre busca exclusivamente su beneficio, a veces se conforma con el perjuicio de los demás.

    Aunque la Real Academia Española recoge este término como «persona aduladora y servil», el termómetro de la calle, siempre un paso por delante, sube unos cuantos grados la carga ofensiva del apelativo. Aunque lo seas y por alguna razón no puedas dejar de serlo, a nadie le gusta que le llamen lameculos. Y es que, como bien recoge Pancracio Celdrán en el «El gran libro de los insultos», publicado por la editorial La Esfera, «pocos compuestos tan ofensivos como éste, ya que con tan soez y baja práctica se denuncia al citado adulador impenitente y servil».

    Pero dentro de este submundo barriobajero y grotesco, con ciertas dosis de humor y mucha mala intención, siempre queda margen para seguir degradando a quien se convierte en el perfecto muñeco de pim pam pum. Más si cabe, teniendo en cuenta, tal y como refleja el autor, que antiguamente se decía del «'lacayo lacayuno': mozo de espuelas en exceso servil, que se ponía a cuatro patas para que lo utilizara el señor de banqueta para subir más fácilmente al caballo o al carruaje».
    Siguiendo con la tónica habitual que presenta la amplia y variada riqueza de nuestro vocabulario, resulta necesario hacer un recorrido por la geografía española para volver a constatar, una vez más, que según marches de un lugar a otro te podrás encontrar con diferentes expresiones en relación a esta ofensa, «en la comarca leonesa de Ancares al lameculos llaman lambecús: del sintagma leonés 'lambe cu'. En puntos de Alicante: tiralevitas. En Murcia, Cádiz y Málaga: pelota».

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