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    martes, 18 de septiembre de 2012

    Fallece Santiago Carrillo a los 97 años

    Santiago Carrillo, histórico dirigente del Partido Comunista de España (PCE) y figura clave en la Transición, ha fallecido hoy en Madrid, según han confirmado fuentes familiares y de Izquierda Unida. El veterano político ha muerto en su domicilio a la edad de 97 años.

    Los restos mortales de Carrillo serán trasladados a un tanatorio madrileño esta misma tarde por donde, a buen seguro, desfilarán personalidades políticas de la izquierda y de los últimos 40 años de la historia de España.

    El ex dirigente del PCE había sufrido en la última semana un empeoramiento en su estado de salud, después de que en los últimos meses tuviera que ser ingresado en diversas ocasiones. Según ha relatado su hijo a Europa Press, ha fallecido durante la siesta. Ya el pasado mes de julio estuvo varios días en observación en el hospital Gregorio Marañón de Madrid por un problema de riego sanguíneo.

    Su vitalidad inquebrantable le mantuvo en activo hasta el final pese a su edad y algunos problemas de salud, motivo de noticia en los últimos años. Desde su retirada de la política en 1991, ha tenido siete ingresos hospitalarios y tres intervenciones quirúrgicas que no le apartaron de su actividad social ni de su conocida pasión por el tabaco. Desde entonces, Carrillo ha estado centrado en nuevos libros, continuas apariciones públicas en conferencias y homenajes, tertulias radiofónicas y artículos periodísticos.

    60 años ininterrumpidos en la política activa

    Apartado voluntariamente de la política activa, desde que en 1991 fracasaran definitivamente sus intentos de reunificar a las distintas familias comunistas españolas, Carrillo ha mantenido hasta el último momento su disposición a atender las peticiones de quienes solicitaban su opinión sobre la actualidad del país.

    En estos diagnósticos "desde la barrera", después de los 60 años ininterrumpidos de actividad política, el ex líder comunista conservaba la ironía socarrona y la agudeza verbal que siempre le caracterizaron, rematada por la imagen emblemática de un cigarrillo humeante en los labios o entre los dedos.

    Quienes hayan vivido la historia reciente de España, recordarán también de él otras imágenes no menos simbólicas: la célebre peluca con la que burló el dispositivo de seguridad que debía impedir en 1976 su entrada en el país y la dignidad con que se mantuvo firme en su escaño, al igual que Adolfo Suárez, frente a los disparos con que los golpistas del 23-F, intentaron abortar una democracia aún débil.

    La figura de Carrillo encarna como ningún otro personaje la historia del siglo XX de España, desde las atrocidades y el sufrimiento de la Guerra Civil -con la defensa republicana de Madrid- como la reconciliación de las 'dos Españas' en la Transición tras 38 años de exilio para asentar la democracia.

    De Paracuellos al exilio

    Nació en Gijón en enero de 1915, hijo de un sindicalista. Luego se mudó a Madrid, donde, desde 1928, militó en las Juventudes Socialistas y fue secretario general de la organización unificada con las comunistas (JSU). En julio de 1936 se afilió al PCE y defendió la República en el Frente de Madrid.

    Fue entonces cuando se produjo el episodio más negro de su carrera, ése que siempre le perseguiría. Como delegado de Orden Público y miembro de la Junta de Defensa de Madrid, tuvo la responsabilidad última sobre la matanza de Paracuellos —un gran número de militares sublevados presos fueron asesinados cuando eran trasladados a Valencia—.

    Él nunca se cansó de defender su inocencia, pero su argumento fue muchas veces rebatido: "Hubo una guerra, me tocó quedarme en Madrid cuando todos se marchaban. Se fue el Gobierno, pero dejaba en la cárcel a dos mil y pico militares sublevados (...) Hubo que trasladarlos sin que tuviéramos fuerzas de seguridad para protegerlos de las iras de la gente. Y en el camino, alguien atacó al convoy. Mi única responsabilidad fue no ser capaz de controlar las iras de personas que estaban viendo morir a sus hijos y sus esposas en una guerra".

    Regreso clandestino y legalización del PCE

    Exiliados de España durante 38 por la dictadura franquista, Carrillo regresó clandestinamente al país en febrero de 1976 con una peluca -mítica en el imaginario colectivo- para ocultarse. En abril del año siguiente el PCE es legalizado y entra como diputado en las primeras elecciones democráticas.

    Reelegido para la legislatura de 1979, se encontró con el golpe de Estado de Tejero -Carrillo, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y el vicepresidente Gutiérrez Mellado fueron los únicos que permanecieron en su escaño, desobedeciendo las órdenes militares. Los tres perderían después las elecciones-.

    Tras una grave crisis interna, acentuada por la derrota en las generales de 1982, Carrillo presentó su dimisión como secretario general del PCE y en 1985 se separó definitivamente del partido y creó un nuevo grupo político: Partido de los Trabajadores-Unidad Comunista, con el que acudió a las elecciones del 86. No obtuvo escaño. En 1991 firmó el ingreso de esa formación en el PSOE, pero él quedó fuera, dando por terminada su actividad política.

    Desde entonces, cultivó la dialéctica en libros, conferencias y medios. Nunca se jubiló de la militancia: "Esto tiene que cambiar; los que ganan, ganan siempre y las víctimas, lo son siempre", decía entonces con 96 años de edad.

    Vía: www.elmundo.es
    Video: www.rtve.es

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