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    domingo, 24 de junio de 2012

    Eurocopa 2012: Ya va siendo hora de que los guiñoles franceses se traguen sus bromas

    ¿Dónde están los guiñoles ahora?
    La selección volvió a una semifinales de un gran torneo, instancia en la que no falta desde 2008, tras un ejercicio de suficiencia ante Francia. España ganó sobrada, gracias a dos goles de Xabi Alonso, a una Francia traicionada por el miedo de Laurent Blanc. Aunque quizá ese sea otro de los méritos de este equipo: asusta tanto a los rivales que los desnaturaliza.

    España eliminó a Francia sin necesidad de acelerar a fondo. Xabi Alonso, doblete y centenario, fue la estrella del partido. Cesc volvió a salir como falso nueve. Ahora espera Portgual en semis.

    Dos goles de Xabi Alonso, el segundo de penalti, llevan a España a las semifinales de la Euro, donde se enfrentará a Portugal el próximo miércoles en Donetsk. La Selección volvió a jugar de inicio con Cesc de '9' e impuso su fútbol control. Ningún jugador español se perderá la semifinal por sanción.

    Blanc está enamorado de otra y la otra somos nosotros. El seleccionador de Francia nos elogió tanto en las horas previas que llegamos a pensar que se trataba de un ardid. Sin embargo, era amor. Verdadero. Y desde el amor se ha construido su complejo de técnico no correspondido, ex del Barça y de otra Francia distinta, con Zidane a los mandos. Al enamoradizo Blanc debemos agradecerle, en primer lugar, que el trago de los cuartos fuera más llevadero. Sorprendidos por su esquema miedoso, nos pasamos el partido buscando un gato encerrado que no existía; el felino éramos nosotros y el ratón eran ellos. Tan sencillo como eso. Gracias.

    Tampoco diremos que fue una noche plácida de verano. Si La Máquina de River se ganó el apodo de Los Caballeros de la Angustia por su resistencia a definir los partidos, para nosotros encajaría un nombre similar. Quizá sea aversión a la sangre. O solidaridad con el caído. O tal vez nuestra galantería considere de mal gusto atacar a quien no nos ataca. Tampoco descarten que nos encontremos ante niños prodigios que ingenian métodos para no aburrirse.

    Castigo. El caso es que estuvimos expuestos a un accidente (un meteorito, un gol) hasta que Xabi Alonso convirtió un penalti en el tiempo añadido, mérito de Pedrito, una guindilla en un mar de ensalada. Más que premiar nuestro fútbol, el segundo gol castigó a Francia, que se pasó 70 minutos desangrándose sin un solo arrebato de furia.

    Cuesta saber cuánto daño les hicimos nosotros y cuánto traían ellos de casa. Ya no es sólo que la selección francesa se divida entre los que cantan el himno y los que se cosen los labios. Hay otras señales de fractura: la escasa solidaridad, el mínimo entusiasmo.

    Y España, claro. Si llegaron los franceses con buen ánimo, lo perdieron a los cinco minutos. En ese sentido, la primera parte fue la soñada. La Roja controló el partido absolutamente, o todo lo absolutamente que permiten unos cuartos de final. La Selección no tuvo un ápice de miedo, ya estamos nosotros para agotar las existencias mundiales de pánico. Más que el inicio de una nueva aventura, el equipo pareció retomar un rondo anterior, un jersey por tricotar. Como decíamos ayer.

    Francia no pudo disimular su abatimiento al confirmar sus sospechas. Esos españoles son demonios, debieron pensar. Bajo el pretexto del fútbol bonito someten al rival a una tortura de un sadismo extremo. El martirio consiste en pasar por los labios del enemigo un balón en pepitoria y en retirarlo después. Perseguir sombras sería más llevadero. Nuestros adversarios se pasan el partido olfateando aromas deliciosos, al estilo de Carpanta.

    Sí. Apenas se había levantado el telón, ya rebosaban las buenas señales. Xavi bajaba para colaborar en la creación y Cesc, otra vez nueve falso, agilizaba el juego de la última línea. Por el remate no pregunten; el viaje es el camino.

    La superioridad era filosófica y moral. Francia había afeado su fisonomía (dos laterales superpuestos) para no avanzar un metro y para no restarnos un centímetro. España no percibía la más mínima incomodidad en esa estrategia defensiva. Superado el arreón de Croacia, cualquier presión nos resulta tan tonificante como un masaje tailandés.

    Conexión. Xabi marcó en uno de los escasísimos pases en profundidad que consiguió conectar España. Iniesta prolongó a Jordi Alba y el lateral ganó el oro en velocidad y vallas; superó a Debuchy, alcanzó la línea de fondo, divisó al compañero y el resto fueron dos amantes al encuentro en una playa desierta.

    Pese al gol, no hubo rastro de Francia. Sólo Benzema causaba cierta inquietud. No hay duda de que es heredero de la manada de Ronaldo (Nazario). Hasta cuando pierde el balón deja una señal positiva. Es un delantero con el plano del tesoro. Lo de su carácter gélido es otro cantar. De no apellidarse Benzema, le valdría vichyssoise, porque se sirve frío.

    España tocó y tocó. Como es ella, como somos ahora, hace cuatro años ya. Entre la hermosura y la desesperación. En el recreo y en el abismo. No parece que los muchachos lo hagan con mala intención. En bastantes ocasiones el equipo da la sensación de buscar el desmarque de Villa, tan de memoria jugamos. Pero Villa no aparece y volvemos a empezar.

    Francia cambió para mejorar ligeramente (entraron Nasri y Mènez) y nosotros también (se incorporaron Pedrito y Torres). Ribèry dejó algunos coletazos de dignidad y sufrimos un minuto, pero el partido regresó poco a poco a su calma chicha, a la rendición francesa y al amor de Blanc.

    Pedrito apareció como una llamarada y de ese fuego nació el penalti, el que consolidó la victoria, el que nos invita a saltar al vacío porque la Selección está debajo. No volveremos a dudar, no hasta mañana.

    Vía: www.as.com
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